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El encierro a los pobres

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En una mañana calurosa del invierno paraguayo, a fines del mes de julio, escuché a un joven del Bañado Sur hablando en la radio Fe y Alegría. El joven explicaba que la Municipalidad de Asunción les prohíbe que acampen en las plazas públicas, a causa de las inundaciones, y que la alternativa municipal es que vayan a un predio militar. 
En sus palabras el joven explicaba con total lucidez: “lo que quieren en realidad es encerrarnos en un cuartel militar, allí nos quieren tener controlados...”. Muchas de las familias de los Bañados de Asunción se resisten a ir a los cuarteles a vivir bajo las órdenes de los uniformados, otros ya no tienen alternativa que adecuarse [1].

Recordé la exposición de Raúl Zibechi en un seminario organizado por el Serpaj Py en el año 2013, pocos meses después de que haya asumido Horacio Cartes la presidencia. Se buscaba en aquel evento debatir y analizar las características que iría tomando la política de seguridad del entonces nuevo gobierno. Entonces en los análisis ya se presagiaba lo que el joven bañandense nos confirmaba en la entrevista radial: una política hostil contra los pobres, de control, de marginación y del aumento de la violencia estatal contra los mismos. 

Nuestro expositor en aquel seminario, inspirado en las ideas de Franz Fanon, colocó elementos que me parecen claves para entender lo que ocurre hoy en la relación entre el Estado y los sectores empobrecidos del Paraguay. Las lecturas que se realizan sobre la realidad son variadas y diversas. La realidad es conflictiva y está marcada por intereses y disputas de poder. Por lo tanto, no existe consenso sobre la misma, el conflicto es parte de la misma, se expresa de diversas maneras, se presenta hasta contradictoria. Por lo tanto, lo que se analiza en este artículo parte de una mirada desde la perspectiva de los oprimidos, que es una mirada excepcionalmente opuesta a la del poder, que comúnmente se conoce y se expresa desde donde el poder opera, desde las universidades, medios de comunicación, grupos políticos, etc. 
 “Las zonas del no ser” 

Lo que padecen hoy pobladores/as de los Bañados debe ser considerada desde la vida, el sufrimiento y la exclusión de los mismos, que a la vez genera movimiento, esperanza y lucha. Estos sectores que construyen un otro poder de aquel que solamente oprime; porque se construye desde otras perspectivas, que muchas veces los que detentan el poder hegemónico no lo entienden porque no lo quieren y pueden entender, o, lo entienden para dominar e imponer. Para Franz Fanon el mundo se divide en dos grandes zonas, la zona del ser y la zona del no ser; resumidamente la zona del ser es donde el ser humano es respetado “donde el Estado de derecho y las leyes funcionan, existen leyes y se respetan. Es la zona donde los sectores populares, trabajadores, pueden organizarse, forman sindicatos, partidos. Su organización es respetada. Lo que Fanon analiza es que cuando estos sindicatos o los partidos de izquierda plantean un conflicto, una lucha, una huelga, ocupación, el conflicto se resuelve a través de la negociación, es lo habitual cuando hay conflicto. Solo raras veces aparece la represión, que es la excepción”[2] (Zibechi, 2013). 

Claro está que se alude a algunos países, no en todos los países funciona el lado del ser para los sectores populares, solo en algunas partes del mundo sucede esto. “En el norte, en los países desarrollados, en el resto de Europa, en Canadá. Hay represión, pero no es la nota. La zona del ser es la zona del norte, de los países colonizadores”. En la zona del ser funcionan las leyes y se cumplen, el Estado de derecho es respetado. Mientras que “en la zona del no ser las leyes son de goma, se aplican o no se aplican. En la zona del no ser, la posibilidad de organizarse formalmente puede existir en las leyes, pero a menudo es vulnerada, atacada de diferentes maneras, una es la represión, pero hay otras formas que no son precisamente las más brutales, sino la compraventa de dirigentes, la cooptación. 

En esta zona, la represión es lo habitual o tiene un carácter no excepcional como en la zona del ser, del norte”, explicaba Zibechi y la vez remataba: “Lo que quiero decir es que la zona del no ser tiene mucho de terrorismo de Estado legalizado y unas poquitas cosas de Estado de derecho”.

Reconfiguración de campos de concentración

Cuando se vive constantemente en la zona del no ser, donde la excepción es la regla y los derechos de las personas están ausentes, resulta factible una suerte de analogía entre las áreas rurales militarizadas, las zonas excluidas, los barrios pobres, asentamientos con la figura del campo de concentración. En un campo los habitantes son despojados de sus derechos políticos, son sometidos a un control total y absoluto, el Estado no se relaciona con ciudadanos, el Estado no es garante, no hay reglas de respeto, se vacía de dignidad a las personas, la vida es despojada de todo significado, es un proceso en el que se naturaliza que el ser humano sea privado de sus derechos y prerrogativas. 

Según Giorgio Agamben, “el campo es el espacio que se abre cuando el estado de excepción empieza a convertirse en la regla. En este, el estado de excepción, que era esencialmente una suspensión temporal del ordenamiento, adquiere ahora una  disposición espacial permanente que queda como tal, pero siempre fuera del ordenamiento normal”[3]. 
El campo de concentración no ha quedado en la historia, no ha sido una anomalía de la historia, el campo distribuye o asigna el espacio político y de poder, se ha diseñado en la historia de la humanidad para ejercer control contra aquello que se consideraba peligroso, “...en el mundo persisten campos de concentración. Guantánamo es un campo de concentración, el mundo lo sabe. En países de tercer mundo también...” (Zibechi, 2013). 

Agamaben explica que “la esencia del campo consiste en la materialización del Estado de excepción y en la consecuente creación de un espacio para la vida vegetativa como tal […] algunas periferias de las grandes ciudades postindustriales comienzan hoy a parecerse en este sentido a los campos. En ellas, la vida vegetativa y la vida política entran, al menos en determinados momentos, en una zona de absoluta indeterminación”. 

Pero lo que vale mencionar también es que en los campos siempre se producen rebeliones.

Notas 
[1] Para inicios de agosto del 2015, aproximadamente 1.200 familias se encontraban en los predios de los militares. Según datos del Serpaj Py, las fuerzas militares ocupan 6.077 hectáreas del territorio de la ciudad de Asunción. [2]     Extraído de la relatoría del Seminario: Políticas de Seguridad, Recursos Naturales y Criminalización de las luchas sociales, organizado por el SERPAJ PY. Exposición de Raúl Zibechi. 17 de octubre del año 2013. 
 [3]  Agamben, Giorgio disponible en: www.oei.org.ar/edumedia/.../T06_Docu4_Queesuncampo_Agamben.pdf . Extraído el 30 de julio del 2015 

Escrito por: Abel Irala
Publicado: 05/08/2015

El autor

Abel Irala


Es trabajador social. Trabaja en SERPAJ-PY

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